miércoles, 11 de marzo de 2015

La dramática denuncia-condena desde el cielo para el judas Wojtyla



El jueves 24 de abril de 2014 ocurrió en Lombardía, Italia, un accidente fatal. Un extraño crucifijo curvado y cabeza abajo, sostenido por un largo tramo de madera de 30 metros se rompió con un crujido, cayendo los 650 Kgs. de peso de su extraña figura crucificada sobre Marco Gusmini, un joven de 20 años discapacitado de nacimiento que fue el único del grupo cuya incapacidad le impidió quitarse a tiempo. El crucifijo fue ordenado por Juan Pablo II para celebrar el centenario del nacimiento de su predecesor Paulo VI; e inaugurado en una extraña misa ante un extraño altar el 20 de septiembre de 1998, en el estadio lleno de la lombarda ciudad y diócesis de Brescia. En el 2005, el extraño monumento fue trasladado al parque del Cevo, en donde ocurrió el accidente tres días antes de la canonización de Juan Pablo II y de Juan XXIII en el Vaticano. Cuando corrió la voz de que Marco Gusmini había sido muerto por “la cruz del papa Juan Pablo II;” y de que el joven Marco había tenido su domicilio en la calle de Juan XXIII, lo que enlazaba a ambos por su canonización conjunta el domingo siguiente, la prensa mundial impresionada se preguntó si el cielo reprobaba las canonizaciones; y en los buscadores, con solo introducir el nombre de la víctima se encontraba abundante información por Internet en varios idiomas sobre el impacto del suceso. Para dar una idea, una italiana llamada Bárbara Tampieri que por internet usa el apelativo de Lame Duck (pato cojo) afirma, como marxista, que la noticia la hizo flaquear en su ateísmo. Para muestra con un botón.

Este crucifijo es la clave del misterio de lo ocurrido con Juan Pablo II. ─Para comenzar, no se trata de una imagen que pueda identificarse cristianamente con Jesucristo, aunque obviamente es lo que se pretende dada la injerencia de un papa para celebrar una misa en un estadio lleno ante ella. La curvatura del estipes, o palo vertical de 30 metros de largo forma un arco humillante hacia la entrada que tomó el papa, haciendo así que se inclinase en público ante él.

Para que la cabeza colgara de manera tan pronunciada, se requería que las vértebras más próximas a la cabeza estuvieran cercenadas. Se trata de un crucificado colgante de cabeza y decapitado. Para la ceremonia inaugural del raro monumento, el extraño altar estaba decorado con 20 láminas grandes representando llamas. Es un condenado que surge del quemante infierno para caer después a tierra. La cabeza colgante carece de la corona de espinas, pero un par de cuernos le salen de entre el pelo. El padre Luigi Villa --del famoso blog Chiesa Viva en internet-- encontró en las fotografías de la cabeza, un como mechón de pelo del lado izquierdo, que figura una serpiente que apunta al centro de la frente; y como experto en la simbología masónica hace todo un tratado de los numerosos símbolos presentes para el homenaje a Montini –Paulo VI—como se celebró ese 20 de septiembre del 98 con lujo de detalles a consultar en su blog. Este blog de Chiesa Viva lo dirige ahora, por el fallecimiento del padre Villa, el Dr. Franco Adessa; y las fotografías se localizan en el número especial de julio de 2014.El numero alusivo aquí:

Ahora bien, esto es parte del asunto, pero quedan por resolver dos preguntas que exigen respuesta:

1.- ¿Quién es ese crucificado con el cual pretendía Juan Pablo II suplantar al verdadero Jesucristo?

2.- Puesto que el papa no puede agradar a la Iglesia que oficialmente encabezaba con un bodrio semejante, ¿a quien quería agradar, y con qué objeto que… finalmente le costó la vida?

Una de las claves nos es dada por la gente a la cual, extrañamente para nosotros los católicos privilegiaba en sus intereses y frecuentaba; y con quienes aparecía fotografiado mostrando siempre gran respeto; y a favor de quienes legó testamentariamente sus bienes.
El investigador y escritor Atila Sinke Guimaraes, de origen brasileño que hoy radica en los EE.UU., dio amplio seguimiento fotográfico ─en su Tradition in Action por internet─ a este aspecto fundamental del papa Wojtyla, y de los fortísimos lazos que unían a Juan Pablo II con los rabinos del mundo sobre todo al final de su vida. He aquí el artículo y las fotografías

 Fue Juan Pablo II el primer papa que, rompiendo con todo precedente, tuvo la audacia de visitar una sinagoga a pesar de radicarse allí el Talmud blasfemo; y fue a Elio Toaf,  el entonces Gran Rabino de Roma, a quien nombró en primer lugar en su testamento. Fueron los rabinos a los que convocó al Vaticano, y acudieron en masa a visitarlo al final de sus días. ¿Para qué?

Nada más sencillo, entonces, que buscar en el libro de los rabinos  ─el Talmud de Babilonia─ la respuesta. Y esto es lo que encontramos en su lenguaje críptico por el cual llaman a Jesucristo Balaam; Crónica de Balaam al Evangelio; y Phinehas el ladrón a Poncio Pilato. En el 106a da el precedente, pie de página 41: As a punishment for wishing to curse Israel he was degraded from a prophet to a soothsayer. Como castigo por su deseo de maldecir a Israel, fue degradado de profeta a adivinador. Lo de la maldición sobre Israel es cierto conforme al Evangelio. Los condenó a la destrucción como pueblo, y la sentencia la cumplieron los ejércitos romanos en las tres guerras con los judíos. En el pie de página siguiente, aunque blasfemando, se refiere a la relación de la madre de Balaam con un carpintero (San José, obviamente).
Sanedrín 106b, edición Soncino: “Did the children of Israel slay with the sword among them that were slain by them.  Rab said: They subjected him to four deaths, stoning, burning, decapitation and strangulation”.
 Los Hijos de Israel, ¿mataron a espada de entre ellos a aquel que los llevó a la muerte? Dijo Rab: Lo sometieron a cuatro muertes: apedreamiento (haciéndolo caer a tierra – de ahí la curvatura hacia el piso del crucificado); quemándolo (las llamas); decapitación- ya visto; colgándolo. Las aclaraciones entre paréntesis vienen de los pies de página del mismo capítulo 106 a y b.
He aquí el texto del pie de página en el idioma original: “This is suggested by the use of the plural 'among them that were slain by them,' intimating that the various deaths inflicted upon others were all suffered by Balaam. Thus he was hung (strangulation), a fire was lit under him (burning), his head was struck off (decapitation), and then he was allowed to fall to earth (stoning);
“A certain min  said to R. Hanina: Hast thou heard how old Balaam was? — He replied: It is not actually stated, but since it is written, Bloody and deceitful men shall not live out half their days, [it follows that] he was thirty-three or thirty-four years old.  He rejoined: Thou hast said correctly; I personally have seen Balaam's Chronicle, in which it is stated, 'Balaam the lame was thirty years old when Phinehas the Robber killed him.'”
Un cierto min (hereje) dijo al rabino Hanina: ¿Sabes qué edad tenía Balaam? Le contestó: No está precisado, pero estando escrito que los engañadores y sanguinarios no llegarán a la mitad de sus días, tendría unos treinta y tres o treinta y cuatro años. Retomando la conversación, el min añadió: dices bien. He visto personalmente la Crónica de Balaam que dice: Balaam el cojo tenía treinta años cuando Phinehas el ladrón le quitó la vida.
La edad de Jesucristo la tomaron los rabinos del Evangelio de San Lucas. Este asunto del cojo valida, curiosamente, a la Sábana Santa de Turín; ya que en ella, por razón del rigor mortis, el crucificado de los pies con un solo clavo, al tener un pie sobre el otro parece tener una pierna más corta que la otra en la reliquia. Encontrar en el libro blasfemo de los judíos un apoyo del siglo cuarto a la autenticidad de la Sábana Santa es sorprendente. En cuanto a que Poncio Pilato recibiera el calificativo de ladrón, era lo acostumbrado para las autoridades de Roma que se habían “robado” el poder sobre Israel y ejercían toda la autoridad civil.

Hemos resuelto la primera pregunta: ¿Quién es ese crucificado con el cual se pretende suplantar al verdadero Jesucristo?
Se trata del mismo Cristo, pero visto y distorsionado por la óptica del libro blasfemo del judaísmo, el Talmud. Aquí está la fuente original de Sanhedrin 106 a y b

Pasamos a la segunda: “Puesto que el papa no puede agradar a la Iglesia que oficialmente encabezaba con un bodrio semejante, ¿a quien quería agradar, y con qué objeto que… finalmente le costó la vida?

Aquí la respuesta es única e ineludible, a los rabinos, los judíos del Talmud de Babilonia. Como precisé en mis escritos anteriores, tengo un blog alusivo a estos temas: www.perfidiaconciliar.blogspot.com en el que demuestro (¡como si hiciera falta!) tocando el tema de sus funerales, que había alcanzado ya la máxima gloria que reserva el mundo a sus prohombres.
He aquí el artículo: ¿Aparece el cadáver de Juan Pablo II en el evangelio?

 Había ido a Gog y a Magog, había logrado medrar a costa de todos. Pero se encontraba ya ante lo inevitable de su propia muerte, y una sola corona le quedaba por alcanzar en ese mundo que había puesto a los pies de su propio pueblo, el pueblo judío. Quiso el triunfo definitivo de ser proclamado el Mesías, el esperado, y el único que había dado a los judíos el gobierno del mundo, y ser la figura central de la historia en el lugar de Jesucristo. Lo quiso disfrutar en vida, en la única vida que cree un ateo. Era para tontos que se le honrara así después de muerto. Quería en vida lo que en vida se había ganado. El muy largo desfilar de los rabinos por el Vaticano no podía tener otro objetivo, como tampoco podía tenerlo su última visita a Jerusalén, para colocar en el Muro de los Lamentos a nombre de la Iglesia sus disculpas por el daño ocasionado, según los judíos, a los judíos. Había destronado a Cristo en su propia Iglesia con el Concilio, y con más de 25 años de papado, había puesto en Brescia un Balaam que sería la firma definitiva de su pontificado, pero ya no podía hacer más.  Le explicaron que no sería posible hasta no afianzar sobre el mundo la dictadura global tan absoluta como ya la habían ejercido sobre la Unión Soviética. Pero no quiso atender razones. Tenía el poder y la audiencia.
Recordemos la extrañeza que nos produjo que antes de morir hubiera perdido el habla, y que poco tiempo después se le proclamara muerto. Recordemos su última aparición en la ventana, y de ella su mirada de ira y desesperación; ¿por no poder hablar?

 Tuvieron que enmudecerlo. No hay más que pueda inferirse, deducirse o pensarse del cúmulo de pruebas que se completaron con la llamada cruz del papa, y su providencial desplome para aclararlo todo. Tuvieron que matarlo para evitar que arrojara siglos de planeación por la borda. Y de no haber sido por la muerte providencial de Marco Gusmini un jueves, para revertirlo todo el domingo siguiente seguiríamos en las mismas; pero de ese jueves apuntando al domingo del triduo de la debacle para el Vaticano vendrá la resurrección de la Iglesia. Se hizo gran luz para el mundo, y las tinieblas se ciernen ahora sobre el Vaticano conciliar del Anticristo. Los pusieron como santos, ¡ahora los tendrán que bajar hasta el Infierno!

Pero que este sujeto disfrazado de papa haya sido un demonio no sorprende a los que conocimos su trayectoria y sus escritos; y los denunciamos. Verá usted por sus encíclicas satánicas que lo del Balaam no tiene mada de sorprendente: Las encíclicas escritas y publicadas de Juan Pablo II

martes, 20 de mayo de 2014

Anexo II. El Infierno descrito por Jesucristo


A María Valtorta


DICE JESÚS:

Una vez te hice ver el monstruo del abismo. Hoy te hablaré de su reino. No te puedo tener en el Paraíso siempre. Recuerda que tú tienes la misión de volver a llamar a la verdad a los hermanos que demasiado la han olvidado, y de este olvido que en realidad es desprecio por la verdad eterna, proceden tantos males a los hombres.

Escribe por lo tanto esta página dolorosa. Después serás consolada. Es la noche del Viernes Santo. Escribe mirando a tu Jesús que está muerto sobre la Cruz, entre tormentos tales que son comparables a aquellos del infierno, y que ha querido tal muerte para salvar a los hombres de la muerte (eterna: el infierno).

Los hombres de este tiempo ya no creen en la existencia del infierno. Están aferrados a un más allá a su gusto de tal manera que estén menos atemorizados en su conciencia merecedora de mucho castigo. Discípulos más o menos fieles del Espíritu del Mal, saben que su conciencia ret­rocedería ante ciertos delitos, si realmente creyesen en el Infierno tal y como la fe enseña que es; saben que su conciencia, al cometer el delito, tendría que volver en sí misma y en el remordi­miento encontraría el arrepentimiento, en el temor encontraría el arrepentimiento, y con el arrepentimiento el camino para volver a Mí.

Pero su malicia, adiestrada por Satanás, del cual son siervos o esclavos (según su apego a los deseos o sugestiones del Maligno) no quiere estos retrocesos y estos retornos. Anula por eso la fe en el Infierno como es realmente y se inventa otro. Sí, también se lo inventa.

Esta invención los empuja a creer sacrílegamente, que el más grande de todos los pecadores de la humanidad, el hijo de Satanás, aquel que era un ladrón como he dicho en el Evangelio, que era un concupiscente y ansioso de gloria humana, como digo Yo, el Iscariote, que por hambre de la triple concupiscencia se hizo mercader del Hijo de Dios y por treinta monedas, y con la señal de un beso -un valor monetario irrisorio y un valor afectivo ínfimo- me puso en las manos de los verdugos, pueda redimirse y llegar a Mí, pasando por fases sucesivas.

No. Si él fue el sacrílego por excelencia, Yo no lo soy. Si él fue el injusto por excelencia, Yo no lo soy. Si él fue aquel que derramó con desprecio Mi Sangre, Yo no lo hago. Y perdonar a Judas sería sacrilegio a Mi Divinidad por él traicionada, sería injusticia hacia todos los demás hombres, siempre menos culpables que él, y que también son castigados por sus pecados, sería despre­cio para Mi Sangre, en fin, sería venir a menos mis leyes.

He dicho, Yo Dios Uno y Trino, que aquellos que están destinados al Infierno duran en él por toda la eternidad, porque de aquella muerte no se sale a una nueva resurrección. He dicho que aquel fuego es eterno y que en él estarán reunidos todos los operarios de escándalo y de iniquidad. No creáis que esto sea solo hasta el fin del mundo. No, más bien después del tre­mendo juicio, más despiadada se hará aquella morada de llanto y tormento, porque aquello que aún está concedido a sus habitantes de tener para su infernal entretenimiento, -el poder dañar a los vivientes y el ver a nuevos condenados precipitarse en el abismo- ya no será, y la puerta del reino maldito de Satanás, será clavada y remachada por mis ángeles, para siempre, para siem­pre, para siempre, un siempre cuyo número de años no tiene número y respecto a la cual, si los años se convirtieran en granos de arena de todos los océanos de la tierra, serían menos que un día de esta Mi eternidad sin medida, hecha de luz y de gloria en lo alto para los benditos, hecha de tinieblas y horror para los malditos en lo profundo.

Te he dicho que el Purgatorio es fuego de amor. El Infierno es fuego de rigor.

El Purgatorio es lugar en el cual, pensando en Dios, cuya esencia os ilumina en el momento del juicio particular, os hace llenos del deseo de poseerla, vosotros expiáis la falta de amor por vuestro Señor Dios. A través del amor conquistáis el amor, y por grados de caridad siempre más encendida limpiáis vuestra vestimenta hasta hacerla blanca y brillante para entrar en el Reino de la Luz cuyos fulgores te he mostrado hace días.

El Infierno es el lugar en el cual el pensamiento de Dios, el recuerdo de Dios vislumbrado en el juicio particular, no es, como para los purgantes santo deseo, nostalgia afligida pero llena de esperanza, esperanza llena de tranquila espera, de segura paz que alcanzará la perfección cuando se vuelva conquista de Dios, pero que ya da al espíritu purgante una alegre actividad purgativa porque cada pena, cada momento de pena, los acerca a Dios, su amor; sino que es remordimiento y cólera, es condenación y odio. Odio hacia Satanás, odio hacia los hombres, odio hacia sí mismos.

Después de haber olvidado su dignidad de hijos de Dios, adorado a los hombres hasta hacerse asesinos, ladrones, estafadores, mercaderes de inmundicias para ellos, ahora que vuelven a encontrar a sus patrones por los cuales han matado, robado, estafado, vendido el propio honor y el honor de tantas criaturas infelices, débiles, indefensas, haciéndose instrumentos del vicio que las bestias no conocen -de la lujuria, atributo del hombre envenenado por Satanás- ahora los odian porque son causa de su tormento.

Después de haberse adorado a sí mismos, dando a la carne, a la sangre, a los siete apetitos de su carne y de su sangre todas las satisfacciones, pisoteado la Ley de Dios y la ley de la moral­idad, ahora se odian porque se conocen causa de su tormento.

La palabra "odio" tapiza aquel reino descomunal; ruge en aquellas flamas, aúlla en los chillidos de los demonios, solloza y gruñe en los lamentos de los condenados; suena, suena, suena como una eterna campana golpeada por un martillo; resuena como una eterna bocina de muerte; llena de sí los rincones de aquella cárcel; es de suyo tormento, porque repite en cada sonido el recuerdo del amor para siempre perdido, el remordimiento de haberlo querido perder, la rabia de no poder volver a verlo jamás.

El alma muerta entre aquellas llamas, es como aquellos cuerpos arrojados en un horno cremato­rio, se contorsiona y cruje como animada por un nuevo movimiento vital y se despierta al com­prender su error, y muere y renace a cada momento con sufrimientos atroces porque el remordimiento la mata en una blasfemia y esa muerte la vuelve a llevar a revivir para un nuevo tormento. Todo el delito de haber traicionado a Dios en el tiempo, está de frente al alma por toda la eternidad; todo el error de haber traicionado a Dios en el tiempo está presente en ella para su tormento por toda la eternidad.

En el fuego las llamas simulan sombras de aquello que adoró en la vida, las pasiones se dibujan en candentes pinceladas con los más excitantes aspectos, y rechinan, rechinan a cada recu­erdo. "Ha querido el fuego de las pasiones. Ahora tiene el fuego quemante de Dios, cuyo Santo Fuego ha escarnecido."

El fuego responde al fuego. En el Paraíso es Fuego de Amor Perfecto. En el Purgatorio es Fuego de Amor Purificador. En el Infierno es Fuego de Amor Agraviado. Porque los elegidos amaron a la Perfección, el amor se da a ellos en su perfección. Porque los purgantes amaron tibiamente, el amor se hace llama para llevarlos a la perfección. Porque los malditos ardieron en todos los fuegos menos en el Fuego de Dios, el Fuego de la Ira de Dios los quema en eterno. Y en ese Fuego están congelados.

¡¡Oh!! Lo que sea el Infierno no lo podéis imaginar. Tomad todo cuanto es tormento del hombre sobre la tierra: fuego, llamas, hielo, inundaciones, hambre, sueño, sed, heridas, enfermedades, desgracias, muerte, y haced una única suma y multiplicadla millones de veces. No tendréis más que una sombra de esta tremenda verdad.

En el ardor insoportable será mezclado el hielo sideral. Los condenados arderán en todos los fuegos humanos, teniendo únicamente hielo espiritual para el Señor su Dios. El hielo los espera para congelarlos después de que el fuego los habrá salado como pescados puestos a asar sobre una llama. Tormento en el tormento este pasar del ardor del fuego que hincha al hielo que aprieta.

¡¡Oh!! No es un lenguaje metafórico, porque Dios puede hacer que las almas, cargadas de cul­pas cometidas, tengan sensibilidad igual a aquella de una carne, aún antes de que se revistan de aquella carne. Vosotros no sabéis y no creéis. Pero en verdad os digo que os convendría más sufrir todos los tormentos de mis mártires antes que aquellas torturas infernales.

La obscuridad será el tercer tormento. Obscuridad material y obscuridad espiritual. Estar para siempre en las tinieblas después de haber visto la luz del Paraíso, y estar abrazados por las tinieblas después de haber visto la Luz que es Dios. ¡¡Debatirse en aquel horror tenebroso, el cual se ilumina solamente al vibrar del espíritu ardiente, con el nombre del pecado por el cual están clavados en este horror!! No encontrar excusa en aquella masa de espíritus que se odian y se dañan recíprocamente, no encontrar otra cosa que la desesperación que los vuelve locos y siempre y siempre más malditos. Nutrirse de ella, apoyarse en ella, matarse con ella. La muerte nutrirá la muerte, he dicho. La desesperación es muerte y nutrirá a estos muertos por toda la eternidad.
Yo os lo digo, Yo que también he creado aquel lugar; cuando descendí en él para traer del Limbo a aquellos que aguardaban Mi venida, He tenido horror, Yo, Dios, de aquel horror; y si no fuese cosa hecha por Dios y por lo tanto inmutable porque perfecta, habría querido hacerlo menos atroz, porque Soy el Amor y de aquel horror he tenido dolor.

¡Y vosotros allí queréis ir...!

Meditad, hijos, esta palabra mía. A los enfermos conviene dar medicina amarga, a los afectados de gangrena conviene cauterizarlos y cortar el mal. Esta es para vosotros, enfermos y cancero­sos, medicina y cauterio de cirujano. No la rechacéis. Usadla para curaros. La vida no dura por estos pocos días de la tierra. La vida comienza cuando parece que termina, y no tiene más fin.

Haced que para vosotros transcurra donde la Luz y la Gloria de Dios hacen bella la eternidad y no donde Satanás es el eterno atormentador". Fin de cita. I Quaderni de 1944, pág.69.Tomado de la edición en español de la obra "Sabiduría Divina" de María Valtorta, Pág.79 a 84.

* * * * * * *
¿Quién querrá ver a sus peores enemigos en tan tremenda y eterna condena? La Ley, sin embargo, es la Ley. Está de moda entre psicólogos decir "no vaya usted a decir a su niño algo sobre el Infierno porque lo va a traumar". ¿Acaso cuando usted ve a alguien distraído a punto de caer en un agujero, no le grita usted ¡cuidado!? Pero, si el agujero es tan profundo como para que se mate, entonces ellos proponen que no les de el grito de alerta ¡para que no se vayan a traumar!
El Evangelio es la buena nueva precisamente en el sentido apuntado arriba, de un grito de alerta oportuno y no en el sentido de que nuestros peores temores carezcan de fundamento, o que la justicia sea un valor inexistente, efímero o intrascendente; sino en el sentido de que la conver­sión individual gracias al pago de Jesucristo con María al pie de la Cruz es pago ilimitado por todos nuestros delitos, apertura de la Gloria, y liberación no de la ley, sino de la condena legal gracias a que Ellos dos tomaron nuestro lugar en el Calvario, que la Ley de Rigor se convierte en Ley de Misericordia, pero únicamente para los conversos por el arrepentimiento sincero y la absolución del sacerdote como lo estableció Jesucristo en el Evangelio: "A quienes les perdoneis los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retuviereis les quedarán retenidos" (Juan 20:23).


lunes, 19 de mayo de 2014

Anexo 1, El Pecado Original


El Pecado Original y la Ciencia

El Pecado Original está en el centro de la inteligencia religiosa. Sin él, el Creador sería no solo deficiente, sino aun culpable de la maldad del hombre obra de sus manos. He aquí una de las causas del ateísmo. Y por el contrario, demostrar la realidad del Pecado Original y explicar su transmisión es lo fundamental para dar a Dios el culto sin mancha que los musulmanes, y los judíos que lo niegan, no pueden darle de manera alguna.

Pero esta inteligencia religiosa no existe fuera de la Biblia en general, y sobre todo dentro de la Biblia católica en particular, ya que solo la Iglesia Católica ha interpretado correctamente y resuelto completamente el problema suscitado por el Pecado Original con: 1.- las imágenes sagradas, 2.- con siete sacramentos indispensables y, 3.- La enseñanza del Purgatorio. 

Introduzco en este punto las imágenes sagradas por la relevancia de todo contexto --que debe ser el apropiado-- para dar la debida relevancia a cada tema en concreto. Al punto: El Pecado Original ha dañado a la humanidad entera. No ha habido gran pensador que no se aboque al tema del mal buscándole explicaciones, pero sin el libro del Génesis de nada sirve el talento del hombre y los genios muerden el polvo. Se requiere de la Revelación Divina. ¡Pero he aquí otra sorpresa! No basta con la Biblia, ni con Génesis. El texto originalmente judío fue rescatado de los judíos por la Iglesia. Tuvo que ser rescatado porque los judíos lo pervirtieron como a toda la Tora con interpretaciones humanas. Ese rescate es la temática fundamental del conflicto entre el Rabí Divino y los rabinos (en esas épocas fariseos, los doctores del Templo y de la Ley como aparecen en Mateo 23:13-29; y Lucas 6:24-26 y 11:42-52) y es clave, sobre todo hoy, para señalar que ataque que no va sobre los libros ni a ataque llega.

Entendían y enseñaban tan bien la Ley que Jesucristo los reprobaba diciéndoles: "¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito y se tragan el camello!" Ceguera de consecuencias tremendas: "¡Ay de ustedes, escribas y Fariseos, hipócritas, que recorren el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacen hijo del infierno dos veces más que ustedes!" Para eso mejor hubiera sido carecer de la Ley que caer en sus perversiones. Y a tal grado eran superados en las cosas de Dios a pesar de esas carencias de orientación que sufrían los paganos, que fueron estos los sobrevivientes cuyos grandes números poblarían la Iglesia.

Y cuando los judíos regresan al combate con el disfraz de protestantes, lo primero que hacen es volver a las andadas, y de Génesis 3:15, de donde la Iglesia toma sus imágenes de la Inmaculada pisando la cabeza de la serpiente los protestantes ni pueden ver a María Sma., ni pueden identificar a la Mujer Gloriosa que pisa la cabeza de la serpiente Satanás. En todos los casos, tener algo fuera del contexto, hace preferible carecer del total que morder el señuelo del error. 

El contexto para la prohibición de las imágenes al pueblo del Antiguo Testamento era la imposibilidad de hacerse imágenes de Dios cuando todos los pueblos del vecindario tenían sus ídolos. En ese contexto lo único sensato era prohibirle al pueblo que hiciera cualquier imagen; pero, en el momento en que Dios mismo se hace representable por la Encarnación el contexto es, a partir de entonces, el contexto contrario, a saber: Las imágenes sagradas ansiadas desde siempre por el corazón del hombre ¡habían llegado como el Mesías también había llegado! Asunto más obvio no puede haber. La plenitud esperada con la llegada del esperado Mesías se confirmaba con tener ahora justificado el anhelo de tener imágenes suyas. La esperanza de la elevación de nuestra naturaleza hacia Dios quedaría confirmada con sus santos dignos de ser imaginados en concreto por los corazones devotos. Hoy reconocemos nuestra hambre de imágenes entrañables por la satisfacción que nos brinda traer con nosotros la fotografía de la novia, madre, esposa, hijos. . . Etc. Como vemos el contexto es el que explica, justifica, o condena. Y Jesucristo mismo abre en el Evangelio el culto a los santos: 


"Mas no ruego sólo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno:  yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos.” (Juan 17:20-26) 

Y por consiguiente a sus imágenes. Imágenes que quedaban ahora tan acreditadas como los judíos desacreditados. Este hecho explica la reacción de violencia salvaje contra las imágenes de los iconoclastas desde Bizancio en sus tiempos isáuricos, cargados de las influencias de los jázaros, pasando por las salvajadas de los republicanos en España de la Guerra Civil, y hasta nuestros días. 


No hay violencia mayor
que la registrada por los cambios de contexto, algo que han tenido que encarar los pueblos que sufren la violencia de la guerra, sobre todo los vencidos, al compararse su estado prebélico con sus resultados.

Pero el mayor cambio de contexto lo encontramos en Génesis con el Pecado Original. La posibilidad de un cambio de contexto estaba en la advertencia: "Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás" (Gen 2:16-17). Y las consecuencias para aquellos que fueron creados en un paraíso de delicias, inmortales, dotados de toda ciencia e impasibles serían: "A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti. Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: "No comerás de él", maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás". (Gen 3:16-19) Y expulsados del Paraíso conocerían el abestiamiento en un hijo matando a su hermano, todo en medio de lamentos y miserias. 




El desarrollo del tema por Génesis



I

Génesis --que significa orígenes-- nos habla de la grandeza original perdida por el Pecado Original; y de este como un nuevo origen del hombre, o génesis, del que a partir de entonces fue un animal. Racional si, pero animal. La caída que lo ha hecho pasar de la inmortalidad a la mortalidad; de la impasibilidad al dolor, de la sabiduría a la ignorancia, y de la ciencia a la superstición.

Entre los ataques al Génesis destaca la incredulidad de muchos exégetas , y que ha conducido a muchos a engaño porque dicen que "las serpientes no hablan". Y todavía dicen: como las serpientes no hablan se trata de un cuentito, y hay que apelar al "estudio de los estilos literarios para entenderlo". Y dicho esto con toda mala intención, o ingenuamente al no caer en cuenta de que, si esto fuera un cuentito, ¡no hay razón para que el resto de la Biblia no lo fuera también! Un ataque, por tanto, muy eficaz contra los fundamentos mismos de la fe católica, ya que sin el Pecado Original no habría habido necesidad de un Redentor, y más atinados estarían los musulmanes con su Corán y los judíos con su Talmud que lo niegan.
Dice Génesis: "Era la serpiente el animal más astuto de todos cuantos animales había hecho el Señor Dios sobre la tierra. Y dijo a la mujer: ¿Por qué motivo os ha mandado Dios que no comieseis de todos los árboles del paraíso? (Gen 3:1)".

Constatamos que Génesis es perfecto, ya que si las serpientes hablaran no habría habido pecado. Si las serpientes hablaran, la reina del Jardín del Edén habría mandado a la víbora por un tubo con un: ¿Quién te crees tú, viniendo a darme consejos a mí, presuntuoso animal? Como que la reina del Jardín del Edén no iba a tomar a un bicho por guía, ¡y menos para hacerle caso! Pero Eva era perfectamente consciente de que las víboras no hablan, por consiguiente, era consciente de hallarse ante un ser extraño al Jardín, ante un invasor con desplante tal como para atreverse a enfrentarse con el mismo Dios y tildarlo de embustero. Algo muy por encima no sólo del reino animal, sino de todo lo que Eva había conocido hasta entonces, y con suficiente poder como para tomar una víbora como disfraz. Era, al caso que se presenta, el más astuto de los animales al hallarse de momento poseído por el Diablo. Caigamos en cuenta, por tanto, que lo que pretende el tercer capítulo de Génesis es, precisamente, hacernos conscientes no sólo del Pecado Original, sino también de la gravedad insuperable de dicho pecado. Sigue el diálogo:

"A lo cual respondió la mujer: Del fruto de los árboles, que hay en el paraíso, sí comemos; mas del fruto de aquel árbol que está en medio del paraíso, nos mandó Dios que no comiésemos, ni le tocásemos siquiera, para que no muramos.

"Dijo entonces la serpiente a la mujer: Oh, ¡ciertamente que no moriréis! Sabe, Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal. (Gen 3:2-5)"


El mínimo de prudencia y gratitud debió llevar a Eva a consultar con Dios sobre el intruso, lo que también la habría puesto a salvo. Pero el golpe de audacia del seductor la obligaba de entrada a elegir a quien tomaría por veraz, y por consiguiente, por guía. Consultar con Dios era el equivalente, para Eva, a alertar a Dios. Esto es lo que obligaba a Eva a elegir sin consultar; y su decisión, decisión avalada después por Adán tendría consecuencias tales que no sólo cambiarían el destino, sino la naturaleza misma del género humano. La mordida al fruto prohibido la recuerda San Juan: Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros (I Juan 1:10). No solo hicieron Adán y Eva de Dios un mentiroso, sino que al único que no puede decir verdad, porque no hay verdad en él (Juan 8:44), ¡le dieron el lugar de Dios, de El Veraz! De ese tamaño fue la traición. De esa magnitud la idolatría, la blasfemia. ¡Así fue de monumental la perrada contra Dios cometida!

"Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. (Gen 3:14)" Así resume la primera parte de la sentencia a Satanás, señala con precisión el momento de su caída final, y es constatable por el contraste entre la brillantez del plan del Diablo para lograr la caída del género humano, que pronto analizaremos, y su estulticia posterior; su paso de la genialidad a la estupidez. Hoy podemos decir que el Diablo está peor que el burro --¿y quién podrá dudarlo tras analizar a Darwin?-- sus planes rastreros, y sus frutos forjados del polvo, efímeros, y restringidos a lo destructivo al igual que los de sus hijos; "hijos del Diablo" (Juan 8:44); "Raza de víboras" (Mat 3:7 ¯ 12:34 ¯ 23:33 ¯ Luc 3:7); limitados a ello por las limitaciones del progenitor que eligieron.

La Sentencia, cuya parte medular es el versículo siguiente completa la sentencia de esta manera: "Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya, y ella te aplastará la cabeza mientras asechas tu su talón" (Gen 3:15).

El Demonio se había ganado una descendencia; asunto confirmado, dado que cada quien es hijo de sus obras y muchos harían las obras del Diablo desde entonces hasta hoy, comenzando por el vivir de la mentira. Se trata de un hecho indudable, pero también se ganó la derrota final.

Hasta aquí hemos podido recuperar, con una exégesis adecuada, tres grandes verdades: 1) Es cierto que una serpiente habló en el Jardín del Edén; y 2) El Pecado Original fue algo mucho más grave que "el haber mordido una manzanita en desobediencia". Lo grave estuvo en la causa de la desobediencia. En el juicio personal de un par de traidores contra Aquel a Quien debían todo. Fue la primera vez que el perro mordiera la mano que le daba de comer. Y, 3) La única verdadera guerra sería la decretada por Dios. Esta guerra es la subyacente a todas las distintas banderas beligerantes en la historia del hombre; y desde entonces hasta el fin del mundo se da para glorificar a la Mujer (y Ella te aplastará la cabeza), y a su descendencia con el triunfo final. Es la guerra entre el bien y el mal personificados por la Santísima Virgen y el Demonio. La otra guerra de la misma índole es entre las descendencias: entre Cristo (originalmente uno con Israel hasta su traición y el deicidio), y el Anticristo (originalmente los idólatras) y después todos los enemigos de Cristo que expresamente lo niegan como Mesías: "¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo". (I Juan 2:22).



II

LAS INCREIBLES FALLAS DE LOS EXÉGETAS BíBLICOS

Hemos podido constatar la intervención de dos voluntades decididas a triunfar, cada una con su proyecto: la Voluntad Divina del Creador que hizo al hombre a su imagen y semejanza, y por consiguiente perfecto por libre; libertad absoluta que siendo parte de su perfección fue buscada como único talón de Aquiles por el Engañador.

Aquí lo importante es asentar el orden: Dios, Padre Perfecto, quiso en primer lugar al hombre perfecto, como imagen suya; y en segundo lugar ser correspondido. Lo primero reclamaba la libertad total para decidir por el amor mismo, ya que el amor quiere ser correspondido en igual medida, lo contrario a ser de alguna manera forzado. Es obvio que la prueba de amor pedida, tan sencilla como "del fruto de este árbol no comerás" era parte indispensable al plan de Dios en su creación del hombre.

La segunda voluntad es la del Engañador, el Diablo; voluntad en este caso homicida (Juan 8:44) queriendo destruir al hombre hasta entonces indestructible e inmortal, impasible, y con una ciencia ilimitada. Y finalmente el hombre cuya voluntad debiendo estar firme en la gratitud dudó de haberlo recibido todo, y queriendo ser más de lo que ya era, fue inducido, engañado a querer ser menos de lo que era, para recibir como castigo parte de lo que ambicionaba ("pues el que se ensalce será humillado" (Mateo 23:12).

Sin embargo los exégetas se quedan en las consecuencias; omiten el drama como si pudiera imaginarse uno superior, y se concentran en si fue un pecado de desobediencia nada más, o si deben de considerarse otros por añadidura, y sin entrar para nada en analizar siquiera si la información dada por Génesis es suficiente, y menos aún indagan sobre la forma precisa de transmisión material de este pecado.


A pesar de ello, la historia de la exégesis dentro de la misma Iglesia Católica pareciera ignorar Génesis, y nos obliga a preguntarnos qué pesaría más en el ánimo de los doctores, si tener que admitir una víbora parlanchina como un hecho real, o tener que aceptar un castigo personal estando tan distantes de Adán. Teodoro de Mopsuestia (350-428 D.C.), obispo, desató la controversia al negar contra Génesis que el pecado de Adán trajera la muerte a los hombres, y Celestio, amigo de Pelagio fue el primero en introducir esta herejía en occidente que marcaría al pelagianismo inicial. Conforme a esta doctrina tomada de Teodoro, Adán habría muerto, ya sea que hubiera pecado o conservado la inocencia. Y el pecado de Adán solo podía dañarlo a él y a nadie más. Esta propuesta adoptada por Pelagio fue condenada por el Concilio de Cartago, pero subsiste en el Islam por la prédica igual de Mahoma. Los herejes pelagianos admitieron finalmente el pecado hereditario como una enfermedad hereditaria más, pero rechazaron la idea del pecado en cuanto tal pudiera ser heredable. Cuando finalmente lo aceptaron, fue como adquirido por imitación del pecado de Adán (lo que ya no tenía, obviamente, nada de "original").

Tan refractarios eran al tema en el Medioevo, que al mismo Santo Tomás de Aquino no le es dado comprenderlo y le busca una constatación de tipo filosófico más que una explicación; y no entiende su relación con la necesidad del nacimiento virginal de Jesús. Posteriormente, católicos y protestantes tomarán por fundamento a San Pablo en vez del Génesis para enseñar lo que San Pablo dice al respecto, olvidando, nada inteligentemente, que San Pablo como buen fariseo, e hijo de fariseos, tenía Génesis siempre presente. Y para colmos, otro hereje moderno, Harnack, atribuye a San Agustín ¡el haber inventado el Pecado Original! Cualquiera diría que la pieza maestra inspirada por el Espíritu Santo a la pluma de Moisés, llamado Génesis, ¡era más digno de salir corriendo para apartarse de él que digno de verdadero estudio!



III

LO QUE EN EL HOMBRE DESTRUYÓ EL PECADO ORIGINAL

En el sexto día de la Creación, dice Génesis:

"Y por fin dijo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra; y domine a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a las bestias, y a toda la tierra, y a todo reptil que se mueve sobre la tierra. -- Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó." (Gen 1:26-27)

No tenemos que especular con el significado. A imagen de Dios significa eternos, inmortales como Él. Significa omnisapientes casi como Él. Significa impasibles como Él. En los términos de una cultura infantil moderna, Supermán, comparativamente con Adán se quedaba en el asilo para retrasados mentales y débil entre los discapacitados. Esta fue la gran mentira del Demonio a quien corroía ya la envidia cuando prometió a Eva: "seréis como dioses", cuando lo que provocaba su envidia era que ya lo eran. Aún en estado `embrionario', cierto, ya que les faltaba pasar la prueba. Pero la imagen y semejanza ya la tenían, eran verdaderos dioses de origen y no animales racionales. Pretender que el pasaje citado implicara "a imagen y semejanza nuestra pero con injertos de burro y de burra" habría sido no solo ridículo, sino blasfemo.

En cuanto conocer el mal solo hay dos formas y nada apetecibles: 1) hacerlo y 2) padecerlo. Dios como único Juez puede en justicia retribuir al perverso con el mal que se merece, pero Adán y Eva solo podían condenarse haciéndolo, y su única posibilidad de triunfar sobre el mal estaba en no hacerlo para tampoco padecerlo. La propuesta satánica: "Seréis como dioses conocedores del bien y del mal" era no sólo diabólica, sino astutamente retributiva de tal ambición para destruirlos. Llegarían a conocer el mal; lo desearon, y lo recibieron como castigo.


Esto nos da una idea de lo que en el lance perdimos como descendencia de Adán. Los padres sólo pueden transmitir lo que son y comunicar lo que tienen a sus hijos como ya vimos al hablar del origen de las limitaciones en lo antes dicho sobre Darwin; y fueron terribles las limitaciones bestiales que adquirimos además del dolor, la ignorancia, y la muerte. La caída del hombre en naturaleza y gracia queda descrita conductualmente con la simple comparación entre el mandamiento único de no comer del fruto de un árbol en concreto, una prueba elemental de fidelidad; y los diez mandamientos que señalan diez debilidades, diez propensiones destructivas y hasta suicidas del hombre recreado por su traición bajo la dirección del enemigo que lo envidiaba y quería su destrucción total. El desplome en naturaleza y gracia fue caer de hijos de Dios a hijos de un pobre Diablo al tomarlo como guía para todo en sustitución de Dios. Y las consecuencias del pecado son materialmente tan graves como quedó de manifiesto.

Es importante enfatizar que las consecuencias del pecado no son meramente formales, jurídicas; sino plenamente materiales como las taras, la incapacidad y la muerte; como caer de la grandeza hacia la bestialidad; de racional pleno a animal racional. Exactamente lo opuesto a la evolución predicada por Darwin.

¿Por qué quiso Dios probarlos si conocía --por ser Dios-- de antemano el resultado?

Primero por las realidades implícitas: Nadie puede mostrar amor sin dar algo de sí, y el requisito era mínimo, abstenerse de los frutos de uno solo de los árboles del Jardín del Edén. Nadie puede ser hijo verdadero si no ha preferido a su padre sobre el enemigo de su padre, ni merecer el amor de aquel a quien ha despreciado por otro. Pero está también el derecho de Dios a retribuir conforme a su justicia para salvar también conforme a su misericordia. ¿Y qué decir del derecho de sus criaturas de aceptarlo como Padre o elegirse un sustituto? Qué el amor de Dios lo haya llevado a aceptar la tremenda humillación de verse pospuesto al Diablo en la elección de Adán y Eva es tan increíble como Cristo aceptando la humillación por la Cruz; pero identifica al Creador con el Redentor de manera única. Ha sido un escándalo hasta para tomar en serio Génesis, pero no solo manifiesta el Amor de Dios, sino que nos hace ver el problema en su imagen y semejanza: todo padre puede engendrar un parricida, pero comprarse un perro en vez de tener un hijo es una alternativa miserable. Dios pudo quedarse en el quinto día de la Creación para ahorrarse el Calvario, pero ese ahorro para nada iba a ser lo propio de Dios; como substituir hijos con mascotas tampoco enaltece al hombre.


La imagen y semejanza de Dios llevaba implícita la libertad total, aún aquella de tomar decisiones irrevocables como la que la infeliz pareja tomara al morder del fruto prohibido. Aun hoy esa libertad se conserva para creer o no creer, y para creer lo que queramos. Para amar u odiar al mismo Dios; para salvarnos o para condenarnos; para vivir o para suicidarnos. Consciente del drama de la libertad, Sartre hablaba ya como un condenado al decir que nada odiaba él tanto como el libre albedrío. Sartre lo entendía por las consecuencias.

Constatemos primero la realidad de la filiación original que el Pecado de Origen iba a destrozar con dos citas fuera de Génesis: 1ª "Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios - y no puede fallar la Escritura" (Salmo 82:6--Juan 10:35); y, 2ª, corroboramos que la imagen y semejanza es la que se da a los hijos con su Padre: "Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo." (Mateo 23:9). Tenemos aquí el reclamo que hace Jesús de los derechos supremos de Su Padre en su intención primigenia de ser Padre nuestro también.



IV

EL PLAN DEL DIABLO


"Vosotros sois de vuestro padre el diablo" (Juan 8:44)

Era Luzbel la mayor inteligencia angélica. Su plan no sería, por tanto, un plan cualquiera. No sólo quería destruir al hombre, sino que quería rehacerlo antes que destruirlo. Queriendo ser como Dios quería recrear al hombre a su imagen y semejanza. Él sería el padre de un ser reconstruido por él, y sería Luzbel el rey de esa creación, el Príncipe de Este Mundo.

Triunfante, doblegaría a Dios a su voluntad. Si Dios quería destruirlo a él tendría que destruir también al hombre en quien habitaría como criatura suya. Apostó a que Dios no destruiría lo que había creado por amor, y creyéndose insuperable como obra maestra de la Creación, apostaba a que Dios no destruiría lo más perfecto para quedarse con criaturas de segunda. Un artista se puede quedar sin todas sus obras, pero nunca sin su obra cumbre, su obra maestra. Y seguro de ser él mismo una obra insuperable hasta para Dios mismo, visitó a Eva en el Jardín del Edén. (Ya en la Era Cristiana Valtorta lo vería derramar lágrimas señalando a la Sma. Virgen como causa de su caída. Había topado con su error de fondo: La Obra Suprema del Creador era María, lo que hacía del extraordinario Luzbel una obra desechable; y de la Virgen el instrumento para la Venganza Divina. Ella le aplastaría la cabeza.)

Es a través de María Valtorta que Jesucristo nos da la clave del plan del Diablo al informarnos de que Dios crea, como es obvio, cada alma perfecta. Todas las almas salen perfectas de sus manos. ¡Ah! Pero para integrarse en el hombre tienen que cruzar una "como barrera" que es donde contrae el Pecado Original. La pregunta que nos queda se refiere precisamente a "la barrera". ¿De qué barrera se trata?

Por segunda vez dentro de la obra tratará Jesucristo N.S. el tema; ahora para negar la metempsicosis o transmigración de las almas; superstición oriental. Ni un animal nace varias veces, reencarnando, ni tampoco el hombre. Dice Jesús:


"El animal no puede recordar nada, naciendo una sola vez; el hombre puede recordar, a pesar de nacer una sola vez. Recordar con su parte mejor: el alma. ¿De dónde viene el alma, toda alma de hombre? De Dios. ¿Quién es Dios? El Espíritu inteligentísimo, potentísimo, perfecto. Esta cosa admirable que es el alma, cosa creada por Dios para darle al hombre su imagen y semejanza como signo indiscutible de su Paternidad santísima, presenta dotes propias de Aquel que la creó: es, pues, inteligente, espiritual, libre, inmortal, como el Padre que la creó. Sale perfecta del Pensamiento divino y en el instante de su creación es igual, durante una milésima de instante, que la del primer hombre: una perfección que entiende la Verdad por don dado gratis. Una milésima de instante. Luego, una vez formada, es lesionada por la culpa original. Para que entiendas mejor, te diré que es como si Dios estuviera grávido del alma que crea, y el creado, al nacer, fuera herido por una señal incancelable. ¿Me comprendes?

"-Sí. Mientras es pensada es perfecta. Una milésima de instante, este pensamiento creador. Luego, el pensamiento traducido a hecho, el hecho queda sujeto a la ley provocada por la Culpa." (Tomo 4º/10, p. 389/446)

El hombre puede recordar algo de la Visión beatífica. Hay un fenómeno específico al que se está refiriendo Jesús, el "deja vu"; esa impresión que a veces nos asalta de haber estado antes en, o de haber conocido antes a, como si hubiéramos vivido antes. Y es que antes de ser lesionados por la culpa tuvimos en nuestra personal visión de Dios ese conocimiento, pero multiplicado por un infinito que nos queda oculto.

Aventuremos una hipótesis para demostrarla luego: El alma, creada trinitaria como semejanza con el Dios Trino, es como una placa fotográfica. Nada hubo entre la creación del alma de Adán y su encarnación en el cuerpo de Adán. La imagen de Dios era perfecta porque ninguna otra imagen se había estampado en ella alterando en forma alguna su perfección. A Adán le bastaba con esa impresión porque en esa impresión estaba todo; la plenitud de la sabiduría porque todo está en Dios. Bastábale a Adán con esa imagen para de su contemplación obtener todas las respuestas concebibles a sus preguntas, y para ahondar en todos los misterios de la Creación. La ciencia infusa no podía tener explicación más sencilla, ni más obvia. Eva era, igual que Adán, al provenir de CREACIÓN DIRECTA de Dios.
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El misterio se resuelve en una forma igualmente sencilla. ¿En qué difiere nuestro origen del origen de Adán y Eva?

En una sola cosa que es indispensable añadir: el acto sexual. Por consiguiente, el acto sexual tiene que ser esa barrera que así menciona Jesús: "y el creado, al nacer, fuera herido por una señal incancelable". Y en efecto, tan incancelable, que sin el acto sexual ya no hay procreación humana.

Como vemos, siguiendo con sencillez la literalidad del Génesis, el acto sexual aparece hasta después del Pecado Original. Es hasta el capítulo cuarto que se nos informa que, entonces: Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «He adquirido un varón con el favor de Yahveh.» Pero ya la vergüenza y la culpa habían entrado de manera directa en la composición del hombre como se lee desde el capítulo anterior: "Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores (taparrabos). Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín. Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí". (Génesis 3:6-10) Y todavía subraya Génesis la transformación ocurrida con la naturaleza humana: "Yahveh Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de piel y los vistió". (Génesis 3:21)

Como vemos, la procreación que comienza con Caín a diferencia de la "costilla" más fácil de entender para cualquiera que la parecida "clonación" hoy tan en boga, deviene sexual; y es hasta hoy una de las formas de abestiamiento más reprobables en el ser humano que obliga, para separar al hombre de las bestias a una estricta moral sexual que, cuando se infringe, lleva a excesos capaces de exaltar por comparación a las bestias; y a sadismos propios de demonios. Es por medio de Génesis que Dios niega esa intención primigenia en su Creación al grado de asignar al Demonio su parte, su conquista, y la descendencia correspondiente. "Y entre tu descendencia y la suya" nos dice por Génesis 3:15; y confirma con "raza de víboras" e "hijos del Diablo" en el Evangelio.

Narra Valtorta que hábilmente el seductor sugirió a Eva una forma de superioridad en el reino animal, que de manera extremadamente placentera, con deleites que ella no imaginaba siquiera tenían a sus crías, y eran independientes así de Dios para tenerlas, siendo en ello superiores a los hombres que tendrían que supeditarse a Dios para engendrar nuevos hombres. Aunque aun no sexuada pero con un cuerpo perfecto al que nada le había sido negado era capaz de sentir placer intenso; se entregó a las caricias de la serpiente, y la droga enervante de sus caricias la volvieron adicta. Aún así, Dios la habría ayudado a sanar si tan solo se hubiera vuelto hacia Él, poniéndose a salvo. Eva, adicta ya, y desconfiando cada vez más siguió el camino contrario entregándose más y más a la serpiente, y fue a seducir a Adán. Podemos aún suponer que en medio de todo el asunto, que el Maligno le fuera sugiriendo una filiación a su persona a cambio de sus consejos, y aún rehacerla a su imagen y semejanza para llevarla a mayores placeres tiene la marca del seductor. Y en las hijas de Eva una repetición indudable por aquella primera elección. No puede haberle faltado a Eva, junto con la presencia regular de Dios en el Jardín del Edén, el amor verdadero del Padre, su orientación y sus consejos; pero la decisión final pendía de un árbol como pendería el cadáver de Judas suicida después, y fue la que Eva tomó.

La caída al reino animal para configurar como animal racional al hombre quedaba sellada como nos dice Jesús en la obra de Valtorta: "herido por una señal incancelable". Dios crea el alma en el único momento elegido por Adán y Eva para la procreación, durante el acto sexual, cuya fuerza e intensidad variable se imprime sobre el alma del nuevo ser. Solo en ese momento, y en ningún otro puede ser impresionada el alma con la fuerza decisiva de la pasión que oblitera con su sello y fuerza la perfecta impresión que modifica Génesis 1;26: "Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra»".

¿Cómo recuperar la Imagen inicial tan drásticamente cancelada con esa decisión aplastante que de manera irrevocable hundió nuestra naturaleza a lo bestial?

El asombroso amor del Padre Creador daría su lugar al Dios Redentor. Lo que Luzbel no podía ni siquiera imaginar era lo que tendría lugar. Dios se haría hombre, humillándose hasta la naturaleza que era ya bandera triunfal del Diablo para vencerla; y se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado, como nos dice San Juan. Desde el principio Dios no se impuso, sino que nos dio a elegir si lo queremos por Padre. Quiso para mostrarnos su amor pasar por la humillación de la primera prueba; por la primera derrota. Quiso pasar por la Encarnación como Exaltación y triunfo de Su Madre que compensaba esta segunda humillación suya. Quiso pasar por el Calvario con el cúmulo de humillaciones compartidas con Su Madre; para darle a Su Madre Su triunfo; como que así lo tenía previsto desde toda la Eternidad a favor de su Obra Maestra, la más entrañable a su Corazón. ¡Cuánto les hemos costado a ambos dos! ¡Cuánto nos han amado el Redentor y la Corredentora! ¡ QUE ASOMBROSO ES DIOS !


Las pruebas del hecho en la Sagrada Escritura:

Es la pasión sexual la segunda impresión que recibe el alma, y tiene la fuerza necesaria para cancelar en gran parte a la primera. Veámoslo de dos maneras distintas. Primero como información como se da cuando imprimimos la hoja dos sobre la hoja uno, o su equivalente al formatear el disco duro. La información que se pierde es casi toda, lo que nos hizo pasar de la ciencia a la ignorancia. La segunda forma es igualmente grave y podemos referirla a la estética: Si sobre el rostro más hermoso colocamos un segundo negativo con un rostro espantoso, el positivo resultante será el completo atropello del primero. El plan del Diablo es obvio. Si la perfección de Adán y Eva partía de la imagen y semejanza divina formando parte de esas dos almas, esa imagen era el objetivo a destruir. El plan es claro, y el de la Redención también. Y la Joya Suprema del Creador nacería, obviamente, sin la culpa original. Sin pasión sexual de San Joaquín y Santa Ana, sino por acción necesariamente directa del Espíritu Santo para dar a luz Jesús de la misma forma (La Inmaculada Concepción). Estamos hablando del Nuevo Adán y de la Nueva Eva afirmados ya por la patrística. De ahí que el protoevangelio de Génesis 3:15 sobre la mujer y su descendencia como castigo-derrota a Satanás hayan aparecido desde el principio, desde Génesis 3:15; y aparezca desde el principio del Evangelio tanto La Mujer como la Descendencia prometidas en el hecho de la Encarnación que repetimos con cada Ave María. De ahí que destaque igualmente el Precursor, Juan el Bautista, voceando contra los fariseos "Raza de Víboras".



La Biblia va describiendo paso a paso

Un pueblo tiene que ser elegido de entre los demás pueblos; y de entre ese mismo pueblo los a su vez elegidos van siendo mencionados para ir purificando, conforme a un mismo sistema de elemental comprensión a los grandes del pueblo judío. La pasión avasalladora del acto sexual tiene que ser minimizada para que la herida a la imagen divina pueda irse reduciendo cada vez más. Lo primero es la expectativa mesiánica. Una idea va a ser sobrepuesta, una esperanza para elevar el acto hacia ella, reduciendo el egoísmo y elevando la mente a un fruto trascendental. Lo segundo es igualmente obvio en la misma intención: Ancianos antes estériles, gracias a lo cual tendrán en cuerpo y mente no el vicio, sino el ardiente deseo de un ser humano que hasta entonces han deseado más por su impotencia. En tercero, los grandes serán los primogénitos o en su defecto los hijos de la ancianidad en que la pasión es ya mínima. Los primogénitos, porque ninguna pareja se siente segura de ser capaz de engendrar hasta lograrlo la primera vez, lo cual hace pasar el disfrute a un lugar menor.

Como vemos, el gran lugar en que se tenía el ser padres, el estigma de la infertilidad y la esperanza en el mesías que distinguían al pueblo judío de entre los demás pueblos tiene, como explicación a la vez necesaria y suficiente, la necesidad de atenuar el pecado original en sus efectos. La metodología seguida hace prueba plena.

Concluyendo, el plan del Diablo fue sujetar al género humano a su servidumbre ligando a un vicio la procreación para embrutecer y desarmar al hombre.

De Abraham al nacimiento de Jesús, pasarán 1400 años en que los elegidos acumularán esa purificación hasta que la justicia divina, satisfecha, pueda enviar a María para ser Madre de Jesús directamente a San Joaquín y Santa Ana. La Sagrada Familia será una familia virginal, y el Espíritu Santo prometido dará a la Iglesia un sacerdocio de vírgenes y célibes; religiosos y religiosas viviendo el ideal de la pureza. Esto ratifica, de nuevo la misma tesis.




Claro es Génesis desde el principio
“Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y el Señor Dios plantó un huerto hacia el oriente, en Edén, y puso allí al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer. Asimismo, en medio del huerto, hizo brotar el árbol de la vida y el árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal. Del Edén salía un río para regar el huerto, y de allí se dividía y se convertía en otros cuatro ríos. El nombre del primero es Pisón. Este es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro. El oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Geón. Este es el que rodea la tierra de Cus. El nombre del tercer río es Tigris. Este es el que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates. El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y el Señor Dios ordenó al hombre: "De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás."
Entonces el Señor Dios dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada." (Gen 2:18) Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre. El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él (Gen 2:20). Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y éste se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. Y el hombre dijo: "Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne. Ella será llamada mujer, Porque del hombre fue tomada." (Gen 2:7-23)

Como vemos, la narrativa se propone confirmar lo antes dicho. De manera claramente intencional la secuencia de la Creación separa al hombre de la mujer por una serie de eventos. Dios crea a Adán como si no tuviera pensado crear a Eva. Después de Adán crea el Paraíso para Adán y lo pone en él. Después lo instruye y le prohíbe comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Finalmente dice: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada” y esa ayuda ¡serán los animales! Los cuales, ciertamente han sido útiles y gran ayuda. Todavía vendrá el desfile de los animales para que Adán les ponga nombre. De manera relevante, como subrayando, usa las mismas palabras “una ayuda adecuada para él” para señalar el papel que desempeñaría Eva en la vida de Adán.

Con base en esto, los rabinos siempre obsesionados por el sexo, en vez de caer en cuenta que Adán no podía estar sexuado porque un órgano despistado hablaría mal de la sabiduría del Creador se fueron al extremo contrario como afirman en su Talmud en Yebamoth 63ª: “El rabino Eleazar añadió: ¿Qué quiere decir la Escritura con “Esta si es carne de mi carne y hueso de mis huesos? Esto nos enseña que Adán tuvo relaciones sexuales con toda bestia y animal pero no quedó satisfecho hasta que las tuvo con Eva”.

Y es hasta el capítulo cuarto, después de que el mismo Dios les confecciona unos taparrabos de piel para confirmar las vergüenzas que se estaban tapando mal con ramas, que dice Génesis: “Entonces Adán conoció a su mujer”.

No es posible pedirle a Génesis que sea más claro, ni a los rabinos más tinieblas. ¿O sí?




sábado, 17 de mayo de 2014

Epílogo


Hemos fijado el desarrollo del libro entre dos papas y sus respectivos sepelios por la importancia del esperado "fin de los tiempos", período sobre el cual concurren todas las profecías. Es el tiempo esperado para un gran juicio cuyo final conocemos por el Evangelio. Sí, leyó usted bien, lo más próximo por ocurrir está anunciado desde la parábola de la cizaña y el trigo; tan importante que Jesús la destaca con las palabras "si no entendéis esta parábola, ¿cómo entenderéis las demás?"

Y los siervos del dueño fueron y le dijeron: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña?" Pero él dijo*: "No, no sea que al recoger la cizaña, arranquéis el trigo junto con ella. "Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega; y al tiempo de la siega diré a los segadores: 'Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero.'"  Entonces dejó a la multitud y entró en la casa. Y se le acercaron sus discípulos, diciendo: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Y respondiendo El, dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno; Por tanto, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.  (Mateo 13:25-43)

Es el cumplimiento de las profecías el que sale garante para el hombre de hoy de nuestra Biblia y de la totalidad de su contenido; pero sin contrastar con el Talmud no podía darse una inteligencia plena, la cual exige del contraste como los buenos negativos exigen del negro y del blanco para dar la gama de grises completa. Sin los opuestos del bien total y del mal total; de lo cuerdo y lo absurdo, de la luz y las tinieblas; quedamos sin faro, sin plano y sin brújula; peor, sin metas; metas fácilmente entendibles en todo momento; ya que el que no sabe a donde va no hallará viento que le ayude, ni taxista que no termine por bajarlo del auto. Contar con los libros opuestos para elegir es el gran don de Cristo para el mundo de hoy, es el discernimiento para optar por el Árbol de la Vida contra la "sabiduría" del mal que es afición y dominio de masones y judíos, con las consecuencias vistas para la cizaña.

Es importante por esto insistir en las profecías cuyo cumplimiento señala el momento actual y su trascendencia. He dejado esta para el final, la profecía que precisa el momento y el Concilio, y es del Apocalipsis (9:1-2), y Paulo VI remarcó el momento al presumir, soberbio, que el humo de Satanás se había infiltrado en la Iglesia:

El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que había caído del cielo a la tierra, y se le dio la llave del pozo del abismo. Cuando abrió el pozo del abismo, subió humo del pozo como el humo de un gran horno, y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo. 

Las estrellas son los sacerdotes, los obispos. Una estrella caída es ya un condenado. Recibe el poder de las llaves, es papa. Pero abre con ellas no los cielos, sino el Infierno para que salgan los demonios sobre la tierra. Exactamente lo ocurrido con Vaticano II confusión y oscuridad del infierno. Es una versión poco distinta que concuerda desde el Evangelio hasta La Salette refiriéndose a la misma sentencia. Concuerda con Apocalipsis XII como ya vimos, y parece señalar igualmente el final del tiempo de los gentiles en Lucas 21:24. Mucho vimos ya sobre el cumplimiento del Apocalipsis y el Vaticano II en el capítulo VIII.

En el mundo de los embrutecidos, que hemos venido definiendo como el mundo apartado de la Luz de Cristo hasta los extremos del Talmud, se hacen lenguas e imaginan ficciones llegando a enviar sondas espaciales con mensajes para averiguar si hay seres inteligentes de otros mundos. Asunto este que debiera hacer reír a los cristianos si pudieran traducir ángeles como extraterrestres, criaturas estas que pueblan sin objeción nuestra literatura sagrada desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Esta flagrante incompetencia en las traducciones elementales nos confirma el drama del Pecado Original que nos bajó del pedestal de Dioses por la imagen y semejanza a animales racionales, en muchos casos, donde la soberbia es mayor, más animales que racionales. 

Sí, el tiempo es corto, vienen los ángeles como detalla Apocalipsis XII; primero los malos que ya están, para confirmar en el mal a los malos. Después los buenos para separar a los hijos de la luz de los embrutecidos. El que tenga inteligencia que la use. Nunca se ha oído hablar de un lugar para los burros en el cielo.